Un paseo por el sector oriental de El Puerto de Santa María tiene mucho que visitar: el parque de la Victoria, antiguas huertas que abastecían a la población, otrora el parque más bonito de la ciudad y hoy parque languideciente donde los vandaluces destrozan sin pudor lo que tanto costó embellecer.
Una imagen antigua del Parque de la Victoria, con 4 estatuas de terracota que representan las 4 estaciones del año.
También muy cerca encontramos el Monasterio de la Victoria, un bellísimo edificio que se comenzó a construir en el siglo XVII y que ha sido monasterio, hospital de heridos de la funesta guerra de Cuba, caballeriza de las indeseables tropas francesas o insalubre prisión de represaliados por el franquismo de la que escapó Eleuterio Sánchez El Lute.
Claustro del Monasterio
A estos y otros lugares cercanos dignos de visitar (jardines del hotel Duques de Medinaceli, bodegas Terry) se une ahora el recientemente restaurado Molino de Marea junto al río del Olvido, que alberga un restaurante con 2 estrellas Michelín dedicado a cocina marinera, donde los algandianos están presentes en muchos platos (A Poniente).
El molino de marea, con arcos colmatados de sedimento, sede del restaurante bien conocido por los amantes de los productos de Algandia.
El molino, donde trajinan sin cesar decenas de cocineros para elaborar los más exquisitos platos marineros, hospeda una exposición del conocido fotógrafo y publicista madrileño Manuel Valmorisco titulada Bahía Salada, en la que el autor fotografía con gran esquisitez laminariales y otros macrófitos marinos de arribazón en playas chilenas.
Cartel explicativo de la muestra de fotografías algandianas
Un ejemplo es esta muestra de un algandiano yaciendo exangüe sobre las ondulaciones de la bajamar, imagen que deja a las claras la sensibilidad del artista.
Uno de los cuadros de la exposición
Yo me quedé con otra imagen, la de una joven contemplando la exposición, quien me contó la grata sensación que le dejaron las imágenes. Recomiendo pues la visita a esta exposición algandiana, y si vuestro bolsillo lo permite, una velada en el restaurante y una mirada desde la terraza a la salina de San José, recientemente restaurada para el disfrute de los ciudadanos.
La chica contemplando con detenimiento la exposición. Al fondo, el comedor del restaurante.
sábado, 20 de agosto de 2016
lunes, 15 de agosto de 2016
Un gran libro sobre algandianos (A great book about algandians)
Paseando por Cádiz, junto al parque genovés penetré en un edificio de la Universidad llamado Aulario La Bomba, hoy rebautizado como Edificio Constitución 1812 en honor a La Pepa, la madre de todas las constituciones modernas. Algo en el edificio debía ser la bomba porque la entrada albergaba gran multitud. Me acerqué a preguntar qué se celebraba allí, si exposición, concierto o conferencia y cuál fue mi sorpersa cuando me dijeron que se presentaba un libro sobre macroalgas.
Cosa curiosa ver tanto interés sobre los algandianos pero tras ocupar un sitio al final me di cuenta de que la ocasión lo merecía.
La presentación del libro desde mi asiento, en una sala abarrotada.
El libro en cuestión, editado por la Universidad de Cádiz, se titula "¿Las algas se comen? Un periplo por la biología, la historia, las curiosidades y la gastronomía". El acto contaba con la presencia de sus autores, entre los que se encuentra el célebre cocinero Angel León, quien lleva el cognomento del Chef del Mar.
Portada del libro con una foto de Codium hecha en la playa de Valdelagrana.
La verdad es que el libro debe ser uno de los mejores textos que sobre algas se han escrito en la lengua de Cervantes. Contiene dibujos originales sobre numerosas especies de algandianos, obra de Vanesa González-Ortiz, una edición muy cuidada, unas fotografías excelentes y un texto fácil de seguir y lleno de anécdotas curiosísimas. Termina con un conjunto de recetas con macroalgas elaboradas por lo más granado del mundo de la cocina española.
El libro recibió allí todo tipo de comentarios grandilocuentes que me recordaron a los entrecomillados de las críticas de las mejores películas: obra maestra, único en el mundo, tesoro, estará en todas las escuelas de hostelería, fruto del trabajo incansable de más de 25 años de investigaciones, auténtica maravilla, etc. La presentación se acompañó de una divertida exposición del profesor J.L. Pérez-Lloréns sobre el contenido de la obra.
Tras los comentarios de las personalidades, los asistentes se arremolinaron en algarabía alrededor de la mesa principal para adquirir un ejemplar dedicado por los autores. Yo obviamente compré un ejemplar del libro y ahora lo leo con detenimiento para seguir aprendiendo sobre todo lo que los algandianos han proporcionado a la humanidad.
Los autores firmando ejemplares a la concurrencia agradecida.
Hoy paseando por mi pueblo he visto felizmente el libro en varias librerías. ¿Quien iba a pensar hace años que un libro sobre algandianos iba a estar en exposición junto al Diaro de Greg?
Las algas, bien acompañadas en el escaparate de la librería Casiopea.
Cosa curiosa ver tanto interés sobre los algandianos pero tras ocupar un sitio al final me di cuenta de que la ocasión lo merecía.
La presentación del libro desde mi asiento, en una sala abarrotada.
El libro en cuestión, editado por la Universidad de Cádiz, se titula "¿Las algas se comen? Un periplo por la biología, la historia, las curiosidades y la gastronomía". El acto contaba con la presencia de sus autores, entre los que se encuentra el célebre cocinero Angel León, quien lleva el cognomento del Chef del Mar.
Portada del libro con una foto de Codium hecha en la playa de Valdelagrana.
La verdad es que el libro debe ser uno de los mejores textos que sobre algas se han escrito en la lengua de Cervantes. Contiene dibujos originales sobre numerosas especies de algandianos, obra de Vanesa González-Ortiz, una edición muy cuidada, unas fotografías excelentes y un texto fácil de seguir y lleno de anécdotas curiosísimas. Termina con un conjunto de recetas con macroalgas elaboradas por lo más granado del mundo de la cocina española.
El libro recibió allí todo tipo de comentarios grandilocuentes que me recordaron a los entrecomillados de las críticas de las mejores películas: obra maestra, único en el mundo, tesoro, estará en todas las escuelas de hostelería, fruto del trabajo incansable de más de 25 años de investigaciones, auténtica maravilla, etc. La presentación se acompañó de una divertida exposición del profesor J.L. Pérez-Lloréns sobre el contenido de la obra.
Tras los comentarios de las personalidades, los asistentes se arremolinaron en algarabía alrededor de la mesa principal para adquirir un ejemplar dedicado por los autores. Yo obviamente compré un ejemplar del libro y ahora lo leo con detenimiento para seguir aprendiendo sobre todo lo que los algandianos han proporcionado a la humanidad.
Los autores firmando ejemplares a la concurrencia agradecida.
Hoy paseando por mi pueblo he visto felizmente el libro en varias librerías. ¿Quien iba a pensar hace años que un libro sobre algandianos iba a estar en exposición junto al Diaro de Greg?
Las algas, bien acompañadas en el escaparate de la librería Casiopea.
viernes, 22 de julio de 2016
Algandianos e indicadores de sostenibilidad (Algandians and indicators of sustainability)
De todos es sabido que el hombre ha tenido verdadera predilección por los algandianos, bien como objeto de arte, como objeto de estudio o como objeto para satisfacer su apetito. El caso es que el deseo de su consumo voraz debería llevar a los entendidos a trabajar sobre cómo mantener las poblaciones algandianas en la naturaleza de manera que las sucesivas generaciones puedan disfrutar de ellas como nosotros hemos podido disfrutar de su existencia. Para ello se propone como primera medida fomentar su cultivo, pues son muy claros los beneficios de esta actividad, ya sea como forma de oxigenar el agua, biofiltrar nutrientes, complementar otras actividades acuícolas o fomentar el turismo natural.
La cuestión es que meditando sobre estas cuestiones mientras paseaba por La Coruña, mis pasos me llevaron al CICA, el centro de investigaciones científicas avanzadas de la Universidad de esta bellísima ciudad gallega.
Ya puestos entré a visitarlo y cuál fue mi sorpresa cuando vi a un grupo de sesudos expertos hablar sobre algas, y dado que eran unos cuantos, penetré con ellos en la sala sin que se notara mi presencia para ver de qué se trataba en la reunión.
Los expertos departiendo sobre indicadores.
Las discusiones versaban sobre cómo idear un paquete de indicadores para evaluar la sostenibilidad de la recolección y el cultivo de macroalgas en España. Allí se encontraba la flor y nata de la industria ficológica española junto con académicos, gestores e investigadores del mundo algandiano. Pude observar con enorme alegría cómo cuando se quiere llegar al bien común el acuerdo es sencillo y cómo se establecieron las bases para una lista de indicadores ambientales, sociales y económicos que evalúen unas buenas prácticas sostenibles sobre el uso y disfrute de las poblaciones de macroalgas de interés comercial. Allí se habló de Gelidium corneum, de Sacharina latissima, de Ulva y de otros algandianos de gran valor.
Laminaria ochroleuca, un alga de interés comercial.
¡Qué gusto de ver tal camaradería entre personas! ¡Debieran aprender nuestros políticos enfrentados entre líneas rojas, reparto de favores, amenazas y fanfarronadas!
Después, y ya mezclado entre los expertos sin que nadie acertara a notar mi intrusión, acompañe a la comitiva a una visita a un laboratorio donde los algandianos crecían felices en tanques de cultivo, ya fueran nacientes esporofitos o minúsculos gametofitos, para servir a la ciencia.
Gametofitos de Sacharina latissima vistos al microscopio.
Talos de Ulva creciendo a todo trapo en tanques de cultivo.
Ya no quise abusar más de mi mimetismo expertil y me despedí de algunos de los concurrentes con un nombre que sonara a centífico (Dr. Kausmann, para servirle, experto en genética de protoplastos carposporofíticos). Los pasos me dirigieron después hacia la plaza de María Pita, quintaesencia de la resistencia coruñesa contra el vil inglés, sumido en meditaciones sobre los grandes ficólogos que ha dado esta terra galega (Fermín Bescansa, Ignacio Bárbara, Juan Seoane Camba, Javier Cremades...) y que mantienen la honra que tan alto proclamara la heroína.
La cuestión es que meditando sobre estas cuestiones mientras paseaba por La Coruña, mis pasos me llevaron al CICA, el centro de investigaciones científicas avanzadas de la Universidad de esta bellísima ciudad gallega.
Ya puestos entré a visitarlo y cuál fue mi sorpresa cuando vi a un grupo de sesudos expertos hablar sobre algas, y dado que eran unos cuantos, penetré con ellos en la sala sin que se notara mi presencia para ver de qué se trataba en la reunión.
Los expertos departiendo sobre indicadores.
Las discusiones versaban sobre cómo idear un paquete de indicadores para evaluar la sostenibilidad de la recolección y el cultivo de macroalgas en España. Allí se encontraba la flor y nata de la industria ficológica española junto con académicos, gestores e investigadores del mundo algandiano. Pude observar con enorme alegría cómo cuando se quiere llegar al bien común el acuerdo es sencillo y cómo se establecieron las bases para una lista de indicadores ambientales, sociales y económicos que evalúen unas buenas prácticas sostenibles sobre el uso y disfrute de las poblaciones de macroalgas de interés comercial. Allí se habló de Gelidium corneum, de Sacharina latissima, de Ulva y de otros algandianos de gran valor.
Laminaria ochroleuca, un alga de interés comercial.
¡Qué gusto de ver tal camaradería entre personas! ¡Debieran aprender nuestros políticos enfrentados entre líneas rojas, reparto de favores, amenazas y fanfarronadas!
Después, y ya mezclado entre los expertos sin que nadie acertara a notar mi intrusión, acompañe a la comitiva a una visita a un laboratorio donde los algandianos crecían felices en tanques de cultivo, ya fueran nacientes esporofitos o minúsculos gametofitos, para servir a la ciencia.
Gametofitos de Sacharina latissima vistos al microscopio.
Talos de Ulva creciendo a todo trapo en tanques de cultivo.
Ya no quise abusar más de mi mimetismo expertil y me despedí de algunos de los concurrentes con un nombre que sonara a centífico (Dr. Kausmann, para servirle, experto en genética de protoplastos carposporofíticos). Los pasos me dirigieron después hacia la plaza de María Pita, quintaesencia de la resistencia coruñesa contra el vil inglés, sumido en meditaciones sobre los grandes ficólogos que ha dado esta terra galega (Fermín Bescansa, Ignacio Bárbara, Juan Seoane Camba, Javier Cremades...) y que mantienen la honra que tan alto proclamara la heroína.
domingo, 3 de julio de 2016
Un libro con algandianos (An algandian book)
El otro día paseando por Cádiz decidí entrar en el rectorado de la Universidad. El rectorado está situado en plena calle Ancha, calle por donde paseara Lord Gray con Gabriel junto con el resto de personajes Galdosianos, calle histórica central de Cádiz, otrora corazón de España, donde ya en el siglo XIX se reuniera toda la caterva de mentirosos, desocupados, noveleros y toda la gente curiosa y holgazana junto con damas de moda, petimetres, abates y enamorados, según cuenta Don Benito en los Episodios Nacionales.
Una imagen de la calle Ancha a principios del siglo XX
Pues en el salón principal resulta que se presentaba un libro con el título de "Parque Natural del Estrecho, frontera entre dos mundos". Al ser uno de los pocos concurrentes me regalaron un ejemplar de la obra y, cual fue mi sorpresa, cuando al abrir el libro pude contemplar que era todo un goce para los sentidos. Allí se congregaba un sinfín de fotografías sobre este Parque Natural gaditano, incomparable por su diversidad de ecosistemas marinos y terrestres.
Portada del libro sobre el Parque Natural del Estrecho.
Y entre las fotografías destacaban algunas con algandianos como fuente de inspiración. Allí están las fotos de maestros de la cámara como Yuri Quílez, Serafín Sánchez, Juan Miguel González Perea, Andrés de la Cruz, José Luis García Meléndez, Martín Caballero, Toni Francisco o Manuel Pérez Ruíz que dejan a las claras por qué las algas enamoran.
Nemalion elminthoides en el Parque Natural del Estrecho.
La obra merece la pena por cómo refleja la esencia del Parque del Estrecho desde todos los puntos de vista y hay que agradecer a Juan Martín Bermúdez el interés que ha puesto en reunir tanta historia y tanta emoción en este documento. Al final, varios de los fotógrafos se reunieron libro en mano, en una foto para la posteridad.
Alguno de los autores, mostrando orgullosos la obra publicada.
Gracias Juan por permitir que una imagen de este algarero, reflejo de cómo interpreté la Isla de Tarifa, haya quedado inmerecidamente mezclada entre obras de tantos grandes artistas.
Una imagen de la calle Ancha a principios del siglo XX
Pues en el salón principal resulta que se presentaba un libro con el título de "Parque Natural del Estrecho, frontera entre dos mundos". Al ser uno de los pocos concurrentes me regalaron un ejemplar de la obra y, cual fue mi sorpresa, cuando al abrir el libro pude contemplar que era todo un goce para los sentidos. Allí se congregaba un sinfín de fotografías sobre este Parque Natural gaditano, incomparable por su diversidad de ecosistemas marinos y terrestres.
Portada del libro sobre el Parque Natural del Estrecho.
Y entre las fotografías destacaban algunas con algandianos como fuente de inspiración. Allí están las fotos de maestros de la cámara como Yuri Quílez, Serafín Sánchez, Juan Miguel González Perea, Andrés de la Cruz, José Luis García Meléndez, Martín Caballero, Toni Francisco o Manuel Pérez Ruíz que dejan a las claras por qué las algas enamoran.
Nemalion elminthoides en el Parque Natural del Estrecho.
La obra merece la pena por cómo refleja la esencia del Parque del Estrecho desde todos los puntos de vista y hay que agradecer a Juan Martín Bermúdez el interés que ha puesto en reunir tanta historia y tanta emoción en este documento. Al final, varios de los fotógrafos se reunieron libro en mano, en una foto para la posteridad.
Alguno de los autores, mostrando orgullosos la obra publicada.
Gracias Juan por permitir que una imagen de este algarero, reflejo de cómo interpreté la Isla de Tarifa, haya quedado inmerecidamente mezclada entre obras de tantos grandes artistas.
domingo, 3 de abril de 2016
¡Que vienen los algandianos! (Algandians are coming!)
Leyendo el otro día la prensa malagueña, me sorprendió un artículo publicado en el SUR que muetra la alerta que da la Universidad de Málaga sobre futuras concentraciones de algas en la costa por el cambio climático.
La noticia habla de "graves consecuencias" y califica los efectos de las algas que se están pudriendo de "olores desagradables", "riesgo de dermatitis por el contacto con las plantas marinas", o epítetos irrespetuosos dirigidos a los algandianos de arribazón como "amasijo para entrar en el agua".
Pobres algandianos siempre tan mal tratados, tantas veces asociados a catástrofes ecológicas. Ahora resulta que algas del mar de los sargazos vienen en tropel para invadirnos y arruinar nuestra economía, cuando los causantes de todos los desmanes somos nosotros mismos, ávidos de colonizar el litoral, verter sin control aguas sin depurar, arrojar plásticos desde barcos o desde la misma playa para acabar acusando al pobre e inocente algandiano. ¿Por qué no reconocer en estos arribazones nuestra poca conciencia ecológica o aprender de la necesidad de conservar los servicios ecosistémicos?
Un hombre entre algas caribeñas.
Tal vez convenga recordar que las arribazones de algas vienen y van y soportan la cadena trófica del litoral, son fuente de materia y energía para tortugas marinas o invertebrados que llevan alimento a limícolas y peces, precisamente aquellos seres que tanto alegran la contemplación de la naturaleza.
Hagamos pues pedagogía y veamos a los algandianos con mayor clemencia. Las algas no pican ni muerden.
La noticia habla de "graves consecuencias" y califica los efectos de las algas que se están pudriendo de "olores desagradables", "riesgo de dermatitis por el contacto con las plantas marinas", o epítetos irrespetuosos dirigidos a los algandianos de arribazón como "amasijo para entrar en el agua".
Pobres algandianos siempre tan mal tratados, tantas veces asociados a catástrofes ecológicas. Ahora resulta que algas del mar de los sargazos vienen en tropel para invadirnos y arruinar nuestra economía, cuando los causantes de todos los desmanes somos nosotros mismos, ávidos de colonizar el litoral, verter sin control aguas sin depurar, arrojar plásticos desde barcos o desde la misma playa para acabar acusando al pobre e inocente algandiano. ¿Por qué no reconocer en estos arribazones nuestra poca conciencia ecológica o aprender de la necesidad de conservar los servicios ecosistémicos?
Un hombre entre algas caribeñas.
Tal vez convenga recordar que las arribazones de algas vienen y van y soportan la cadena trófica del litoral, son fuente de materia y energía para tortugas marinas o invertebrados que llevan alimento a limícolas y peces, precisamente aquellos seres que tanto alegran la contemplación de la naturaleza.
Hagamos pues pedagogía y veamos a los algandianos con mayor clemencia. Las algas no pican ni muerden.
domingo, 31 de enero de 2016
Un libro algandiano portugués (A portuguese algandian book)
Portugal es uno de mis paises preferidos, no sólo por sus gentes amables, sus escritores (Fernando Pessoa, Luis de Camoes, José Saramago, José María Eça de Queiroz y tantos otros), sus paisajes o sus freguesías, pueblos y ciudades (Oporto, Silves, Obidos, Tavira, Lisboa...). También por su saber algandiano.
He conocido estudiosos de las algas en mis viajes por nuestro querido país vecino (Rui Santos, Ricardo Melo, Ana Isabel Neto, Joao Silva, M. Helena Abreu...) y uno de los primeros que conocí (Leonel Pereira) ha tenido a bien regalarme el maravilloso libro "Macroalgas marinhas da costa protuguesa".
La portada del libro, en el día de su presentación.
Este libro recoge todo el saber algandiano de Portugal (Historia, vocabulario, reconocimiento, usos tradicionales y actuales, etc.) con gran rigor y sensibilidad. Realmente obra tal sólo puede ser el resultado de verdaderos apasionados.
¿No es señal de esta pasión los grabados de algas verdes, castanhas o vermelhas, la minuciosidad en que se explica cómo se faz um algário, la invitación a la ficogastronomía o cómo se describen los campos de masseira, auténtica obra de arte agrícola para cultivar arenas estériles abonando los campos con moliço o algas de arribazón?
Una masseira en Eposende, abonada con macroalgas.
Lo más interesante quizás del libro es el interés puesto en la ilustración algandiana, tema que trata desde una perspectiva histórica hasta las técnicas más novedosas basadas en el uso de programas informáticos.
Undaria pinnatifida (wakame), magistralmente dibujada por Fernando Correia
Os recomiendo este libro a todos los que queráis aprender de verdad sobre el mundo algandiano. La obra además cierra el conocimiento algandiano de nuestra Península pues con los últimos textos publicados ya es posible reconocer la flora ficológica cantábrica, atlántica y mediterránea de Iberia a los ojos del aficionado.
Gracias Leonel por enviarme tu libro y por la dedicatoria. ¡Que vocé possa continuar a ensinar muitos anos mais!
He conocido estudiosos de las algas en mis viajes por nuestro querido país vecino (Rui Santos, Ricardo Melo, Ana Isabel Neto, Joao Silva, M. Helena Abreu...) y uno de los primeros que conocí (Leonel Pereira) ha tenido a bien regalarme el maravilloso libro "Macroalgas marinhas da costa protuguesa".
La portada del libro, en el día de su presentación.
Este libro recoge todo el saber algandiano de Portugal (Historia, vocabulario, reconocimiento, usos tradicionales y actuales, etc.) con gran rigor y sensibilidad. Realmente obra tal sólo puede ser el resultado de verdaderos apasionados.
¿No es señal de esta pasión los grabados de algas verdes, castanhas o vermelhas, la minuciosidad en que se explica cómo se faz um algário, la invitación a la ficogastronomía o cómo se describen los campos de masseira, auténtica obra de arte agrícola para cultivar arenas estériles abonando los campos con moliço o algas de arribazón?
Una masseira en Eposende, abonada con macroalgas.Lo más interesante quizás del libro es el interés puesto en la ilustración algandiana, tema que trata desde una perspectiva histórica hasta las técnicas más novedosas basadas en el uso de programas informáticos.
Undaria pinnatifida (wakame), magistralmente dibujada por Fernando Correia
Os recomiendo este libro a todos los que queráis aprender de verdad sobre el mundo algandiano. La obra además cierra el conocimiento algandiano de nuestra Península pues con los últimos textos publicados ya es posible reconocer la flora ficológica cantábrica, atlántica y mediterránea de Iberia a los ojos del aficionado.
Gracias Leonel por enviarme tu libro y por la dedicatoria. ¡Que vocé possa continuar a ensinar muitos anos mais!
domingo, 2 de agosto de 2015
Una exposición algandiana (An algandian exhibition)
El otro día, paseando por la villa gaditana de El Puerto de Santa María, famosa entre otras cosas por su triste célebre penal del que dijera aquella famosa copla:
"Mejor quisiera estar muerto
que preso pa toa la vía,
en ese penal del Puerto
Puerto de Santa María",
encontré un cartel que anunciaba una exposición intrigante: "intermareal, una mirada entre mareas".
El cartel anunciador, bajo nuestra querida enseña nacional.
Picado por la curiosidad penetré en el Centro Cultural y quedé sorprendido por la exposición: unas magníficas fotografías marinas decoraban las paredes. Las fotografías reflejaban toda la emoción que puede trasmitir este hostil medio, frontera entre tierra y mar, y cómo no, los algandianos decoraban muchas de estas imágenes como habitantes que son de esta franja mareal.
El autor, José M. Vargas Rosa, maestro jubilado de un colegio local, me dedicó el precioso libro de la exposición, lamentándose del poco aprecio que nosotros, habitantes del planeta, tenemos a sus creaciones.
La síntesis de la exposición.
Y cierto es que no sabemos apreciar la belleza del arte algandiano. ¡Cómo no valorar este "cosmografía" donde se destaca Ulva compressa entre las rocas de la playa de Conil de la Frontera o este "fondo vivo" gaditano donde Dictyota dichotoma var. intricata, Jania rubens o Plocamium cartilagineum dan a la imagen un colorido tan especial!

"Cosmografía" y "Fondo rico", dos fotografías del intermareal de playas gaditanas
¿Y qué decir de este "Frente al mar" en la Punta de la Peña de Tarifa, en el que sobre el manto de Ulváceas aparece Asparagopsis armata arrojada?
En la playa de Tarifa, frente al mar.
La realidad es que la exposición impresiona. Esté recorriendo diversos centros de la geografía gaditana para enseñar los tesoros que el intermareal deja expuestos durante la bajamar, tesoros mezcla de geomorfología, algandianos e invertebrados. !No perdáis la ocasión de apreciar la obra de José M. Vargas!
Una niña, anonadada, contemplando las obras fotográficas.
Gracias José por tu dedicatoria y por tu obra. Gracias por apreciar lo que tantos usuarios de las costas no han aprendido aún a ver.
"Mejor quisiera estar muerto
que preso pa toa la vía,
en ese penal del Puerto
Puerto de Santa María",
encontré un cartel que anunciaba una exposición intrigante: "intermareal, una mirada entre mareas".
El cartel anunciador, bajo nuestra querida enseña nacional.
Picado por la curiosidad penetré en el Centro Cultural y quedé sorprendido por la exposición: unas magníficas fotografías marinas decoraban las paredes. Las fotografías reflejaban toda la emoción que puede trasmitir este hostil medio, frontera entre tierra y mar, y cómo no, los algandianos decoraban muchas de estas imágenes como habitantes que son de esta franja mareal.
El autor, José M. Vargas Rosa, maestro jubilado de un colegio local, me dedicó el precioso libro de la exposición, lamentándose del poco aprecio que nosotros, habitantes del planeta, tenemos a sus creaciones.
La síntesis de la exposición.
Y cierto es que no sabemos apreciar la belleza del arte algandiano. ¡Cómo no valorar este "cosmografía" donde se destaca Ulva compressa entre las rocas de la playa de Conil de la Frontera o este "fondo vivo" gaditano donde Dictyota dichotoma var. intricata, Jania rubens o Plocamium cartilagineum dan a la imagen un colorido tan especial!
"Cosmografía" y "Fondo rico", dos fotografías del intermareal de playas gaditanas
¿Y qué decir de este "Frente al mar" en la Punta de la Peña de Tarifa, en el que sobre el manto de Ulváceas aparece Asparagopsis armata arrojada?
En la playa de Tarifa, frente al mar.
La realidad es que la exposición impresiona. Esté recorriendo diversos centros de la geografía gaditana para enseñar los tesoros que el intermareal deja expuestos durante la bajamar, tesoros mezcla de geomorfología, algandianos e invertebrados. !No perdáis la ocasión de apreciar la obra de José M. Vargas!
Una niña, anonadada, contemplando las obras fotográficas.
Gracias José por tu dedicatoria y por tu obra. Gracias por apreciar lo que tantos usuarios de las costas no han aprendido aún a ver.
domingo, 10 de mayo de 2015
Algandianos en el Labimar (Algandians in Labimar)
Ya he contado en alguna ocasión que uno de los lugares más bellos de España es la playa de La Caleta, cantada por Carlos Cano en aquellos inolvidables versos de Habaneras de Cádiz, compuestos por Antonio Burgos:
Las olas de la Caleta, que es plata quieta,
rompían contra las rocas de aquel paseo
que al bamboleo de aquellas bocas
allí le llaman El Malecón
Pues llegando al Castillo de San Sebastián, pude ver a la derecha una de las viejas construcciones remozada y con un letrero que ponía Labimar.
Puerta del Labimar
Resulta que han ubicado allí un Laboratorio de Biología Marina con acuario y todo donde en ese momento estaban impartiendo una charla sobre las algas de Cádiz. Interesante lo que escuché pues no sabía que Cádiz había sido el origen de los primeros trabajos sobre Ficología en España. ¡Oh Cádiz, donde en sus costas se fijaron nombres como Simón de Rojas Clemente y Rubio, Julián de Heredia, Antonio Cabrera Corro, Romualdo González Fragoso, Miguel Colmeiro o Juan Seoane Camba para describir y enamorarse de sus algandianos!.
El conferenciante desde mi sitio del fondo para no llamar la atención.
Tras la charla hubo un interesante coloquio sobre usos ancestrales y actuales de las algas, nombres vernáculos o complejas investigaciones sobre productos naturales extraídos de algas gaditanas con propiedades curativas y oxidantes.
No pude resistirme a meter una pinza para coger muestras en el acuario sin que me vieran ya que los pececillos merodeaban entre una rica comunidad algandiana.
El acuario del Labimar con peces y algas de La Caleta.
Como había una lupa en una esquina llegué a identificar Falkenbergia rufolanosa y Bryopsis plumosa antes de que los contertulios sospecharan que yo no era un científico sino un intruso, por lo que salí de allí sin hacer ruido muy contento de aprender lo que se sabe sobre los algandianos de Cádiz.
Amparado en la oscuridad, no pude ser descubierto.
Las olas de la Caleta, que es plata quieta,
rompían contra las rocas de aquel paseo
que al bamboleo de aquellas bocas
allí le llaman El Malecón
Pues llegando al Castillo de San Sebastián, pude ver a la derecha una de las viejas construcciones remozada y con un letrero que ponía Labimar.
Puerta del Labimar
Resulta que han ubicado allí un Laboratorio de Biología Marina con acuario y todo donde en ese momento estaban impartiendo una charla sobre las algas de Cádiz. Interesante lo que escuché pues no sabía que Cádiz había sido el origen de los primeros trabajos sobre Ficología en España. ¡Oh Cádiz, donde en sus costas se fijaron nombres como Simón de Rojas Clemente y Rubio, Julián de Heredia, Antonio Cabrera Corro, Romualdo González Fragoso, Miguel Colmeiro o Juan Seoane Camba para describir y enamorarse de sus algandianos!.
El conferenciante desde mi sitio del fondo para no llamar la atención.
Tras la charla hubo un interesante coloquio sobre usos ancestrales y actuales de las algas, nombres vernáculos o complejas investigaciones sobre productos naturales extraídos de algas gaditanas con propiedades curativas y oxidantes.
No pude resistirme a meter una pinza para coger muestras en el acuario sin que me vieran ya que los pececillos merodeaban entre una rica comunidad algandiana.
El acuario del Labimar con peces y algas de La Caleta.
Como había una lupa en una esquina llegué a identificar Falkenbergia rufolanosa y Bryopsis plumosa antes de que los contertulios sospecharan que yo no era un científico sino un intruso, por lo que salí de allí sin hacer ruido muy contento de aprender lo que se sabe sobre los algandianos de Cádiz.
Amparado en la oscuridad, no pude ser descubierto.
martes, 31 de marzo de 2015
Algandianos y biofiltración (algandians and biofiltration)
Paseando por esteros andaluces, encontré un sistema de cuerdas en zig-zag con algas entrelazadas en una instalación de acuicultura. Picado por la curiosidad, me contaron los lugareños que son sistemas en prueba para testar el potencial biofiltrador de estas algas, pues es sabido que los algandianos retiran (biofiltran o biomitigan) nitratos y fosfatos del agua. De esta forma conseguimos mejorar la calidad del agua y obtener un nuevo producto en una granja marina, producto cuya biomasa, bien en bruto o a partir de un extracto, genera un beneficio para la empresa ¡Curioso ejemplo de ingeniería eológica!
A fe mía que las aguas del lugar deben ser generosas, pues al poco tiempo volví y lo que dos semanas antes parecían simples pelillos acabaron tornándose en melenas. A ver si me entero e indago el potencial biofiltrador de estas algas.
El sistema con algas antes y después de un par de semanas.
Otro sistema curioso que he podido observar es el que Carlos y Antonio estaban poniendo en práctica, en este caso con Ulváceas. Estas denostadas algas, capaces de proliferar hasta biomasas impresionantes si hay un episodio de eutrofización, pueden biofiltrar cantidades sensibles de nutrientes en las instalaciones de acuicultura.
Extrayendo ulvas en los canales de desague.
Pude contemplar cómo se están ensayando sistemas sencillos de cultivos en balsas para estimar el potencial biomitigador de las ulvas y así poder desarrollar experiencias a mayor escala. ¡Quien sabe si serán capaces los algandianos de conseguir el objetivo buscado de no generación de vertidos al agua!
A pesar de que Antonio, al recolectar algas preguntaba con cierto sarcasmo ¿Y esto es lo que se come la gente?, en la provincia de Cádiz hay ya una cultura gastronómica que pone las algas en la mesa, tal como he contado ya en veces anteriores. !Ya invitaremos a Antonio a que pruebe estos frutos de la mar, bien en tortitas de camarones o acompañando el rico pescado de la bahía!
Así se colocan las balsas en el canal. Las balsas permiten la circulación del agua en su interior.
Así quedó el diseño final, con algandianos verdes, rojos y ostiones.
A fe mía que las aguas del lugar deben ser generosas, pues al poco tiempo volví y lo que dos semanas antes parecían simples pelillos acabaron tornándose en melenas. A ver si me entero e indago el potencial biofiltrador de estas algas.
El sistema con algas antes y después de un par de semanas.
Otro sistema curioso que he podido observar es el que Carlos y Antonio estaban poniendo en práctica, en este caso con Ulváceas. Estas denostadas algas, capaces de proliferar hasta biomasas impresionantes si hay un episodio de eutrofización, pueden biofiltrar cantidades sensibles de nutrientes en las instalaciones de acuicultura.
Extrayendo ulvas en los canales de desague.
Pude contemplar cómo se están ensayando sistemas sencillos de cultivos en balsas para estimar el potencial biomitigador de las ulvas y así poder desarrollar experiencias a mayor escala. ¡Quien sabe si serán capaces los algandianos de conseguir el objetivo buscado de no generación de vertidos al agua!
A pesar de que Antonio, al recolectar algas preguntaba con cierto sarcasmo ¿Y esto es lo que se come la gente?, en la provincia de Cádiz hay ya una cultura gastronómica que pone las algas en la mesa, tal como he contado ya en veces anteriores. !Ya invitaremos a Antonio a que pruebe estos frutos de la mar, bien en tortitas de camarones o acompañando el rico pescado de la bahía!
Así quedó el diseño final, con algandianos verdes, rojos y ostiones.
Un poema algandiano en Rota (An algandian poem in Rota)
Hace tiempo que no escribo una entrada, debe ser que las musas han pasado de mi, tal como cantaba Joan Manuel Serrat. Sin embargo, viene a mi memoria este bello pòema de un poeta y fotógrafo roteño (Leopoldo Almisas Romero), amigo de los Sabina, Grandes, García-Montero o Ruibal, que embellece el comienzo del paseo marítimo de esta preciosa localidad gaditana. Parte de los versos dicen así:
La placa con el poema completo.
Llegó la noche de boda,
luna vestida de blanco,
el mar siempre de negro,
la luna traje de nácar.
Llena de besos la noche,
entre algas y caracolas,
como único testigo
sola, en la sombra…, Rota.
Homenaje a esta villa peculiar, mulata de gringos y roteños, tierra de urtas, esforzados marineros, tintillas, moscatel blanco y playas generosas.
sábado, 1 de noviembre de 2014
Un cuadro con algas VI (A painting with algae VI)
Leyendo el extraordinario libro del profesor Ole G Mouritsen Seaweeds: edible, available & sustainable (Algas: comestibles, disponibles y sostenibles), lleno de anécdotas sobre el mundo algandiano, encontré la cita de un cuadro del pintor danés Carl Locher (1851-1915), un artista muy aficionado a los temas marineros. El cuadro se titula "Loading seaweeds at Hornbek beach" (cargando algas en la playa de Hornbek) y fue pintado en 1882. El cuadro muestra, en un día tormentoso, la recogida de enormes cantidades de macroalgas rojas y pardas arrojadas en estas costas. El interés por estas algas de arribazón se debe el uso tan variado que los pueblos nórdios han hecho de ellas, destacando su empleo como alimento para los humanos y el ganado o el abono de los campos.

Cargando las algas en la playa de Hornbek
Quizás penséis que esta actividad sólo se llevaba a cabo en los países del norte de Europa (o en el norte de España, como ya hemos contado otras veces). Sin embargo, esta labor tenía lugar hasta hace bien poco en localidades gaditanas. Cuenta Sebastián Tirado, docto marinero y gran conversador, regente del chiringuito chipionero Entre Dunas, en su costumbrista libro "Capitán Salmedina" que tengo entre mis manos, cómo el capitán, escondido entre las dunas, observó atónito como...
"unos mozos, al bajar a la playa, sobre los carros, venían sujetando unos enormes tridentes, que suponía de madera, una vez sobre la enorme mancha parduzca, se lanzaban sobre la misma y los clavaban sobre la masa y cual pasto del mejor trigo o maiz, lanzaban aquello al interior del carro que desprendía un enorme olor a marisco, corrompido a veces, y otras un olor a mar que apetecía comer y después, una vez cargados y chorreando agua por los bajos, se colocaban uno delante, tirando de la jáquima del lantero o animal colocado en primer término del carro y el otro detrás empujando y animando a las bestias en su marcha hacia el interior"
Este texto refleja el uso tradicional de la ceba o masas de algas que se hacía en el pueblo de Rocío Jurado para abonar los campos a la espalda de los cordones dunares.
Portada del libro de Sebastián Tirado. Gracias por la dedicatoria tan sentida.
Os recomiendo una visita al chiringuito, donde podréis degustar el mejor pescado de los caladeros de la villa marinera y una lectura de este libro, escrito con pasión, para recordar tradiciones chipioneras, muchas tal vez perdidas.
Cargando las algas en la playa de Hornbek
Quizás penséis que esta actividad sólo se llevaba a cabo en los países del norte de Europa (o en el norte de España, como ya hemos contado otras veces). Sin embargo, esta labor tenía lugar hasta hace bien poco en localidades gaditanas. Cuenta Sebastián Tirado, docto marinero y gran conversador, regente del chiringuito chipionero Entre Dunas, en su costumbrista libro "Capitán Salmedina" que tengo entre mis manos, cómo el capitán, escondido entre las dunas, observó atónito como...
"unos mozos, al bajar a la playa, sobre los carros, venían sujetando unos enormes tridentes, que suponía de madera, una vez sobre la enorme mancha parduzca, se lanzaban sobre la misma y los clavaban sobre la masa y cual pasto del mejor trigo o maiz, lanzaban aquello al interior del carro que desprendía un enorme olor a marisco, corrompido a veces, y otras un olor a mar que apetecía comer y después, una vez cargados y chorreando agua por los bajos, se colocaban uno delante, tirando de la jáquima del lantero o animal colocado en primer término del carro y el otro detrás empujando y animando a las bestias en su marcha hacia el interior"
Este texto refleja el uso tradicional de la ceba o masas de algas que se hacía en el pueblo de Rocío Jurado para abonar los campos a la espalda de los cordones dunares.
Portada del libro de Sebastián Tirado. Gracias por la dedicatoria tan sentida.Os recomiendo una visita al chiringuito, donde podréis degustar el mejor pescado de los caladeros de la villa marinera y una lectura de este libro, escrito con pasión, para recordar tradiciones chipioneras, muchas tal vez perdidas.
viernes, 3 de octubre de 2014
Bolas algandianas (Algandian balls)
Recientemente, leí una noticia en el periódico que hacía referencia a la aparición de "miles de extrañas bolas verdes en una playa australiana". Los habitantes del lugar, poco acostumbrados a observar la naturaleza algandiana, llegan a calificar esas bolas brillantes de "huevos alienígenas", mostrando un enorme desconocimiento de lo que la naturaleza puede hacer.
Las bolas de la discordia
Las algas probablemente sean del género Aegagropila o del tipo de la Cladophora aegagropila. Este fenómeno de formación de masas de talos entrelazados hasta originar una morfología circular tras rodar y rodar (como la piedra en el camino que enseñó cuál era mi destino) por los fondos marinos, no es sólo propio de los algandianos. Los afortunados habitantes de las costas del Mediterráneo saben que bolas simlares se forman por restos de hojas y rizomas de Posidonia oceanica, la joya de las plantas marinas, endémica del Mare nostrum.
Bolas de Posidonia oceanica
Nosotros en Cádiz estamos acostumbrados a ver bolas de Codium bursa, que llaman la atención a los veraneantes incrédulos de ver algas redondas y hacen las delicias de los niños en la playa.
Un solitario Codium bursa arrojado
Las algas probablemente sean del género Aegagropila o del tipo de la Cladophora aegagropila. Este fenómeno de formación de masas de talos entrelazados hasta originar una morfología circular tras rodar y rodar (como la piedra en el camino que enseñó cuál era mi destino) por los fondos marinos, no es sólo propio de los algandianos. Los afortunados habitantes de las costas del Mediterráneo saben que bolas simlares se forman por restos de hojas y rizomas de Posidonia oceanica, la joya de las plantas marinas, endémica del Mare nostrum.
Nosotros en Cádiz estamos acostumbrados a ver bolas de Codium bursa, que llaman la atención a los veraneantes incrédulos de ver algas redondas y hacen las delicias de los niños en la playa.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Un poema de Perceval (A poem by Perceval)
En uno de los libros antiguos que conservo (Popular history of seaweeds, de 1851) hay un poema sobre algas de Perceval, aquel caballero legendario de la tabla redonda del rey Arturo, famoso por participar en la búsqueda del mítico santo grial.
El poema dice así:
The water is calm and still below,
for the winds and waves are absent there.
And the sands are bright as the stars, that glow
in the motionless fields of upper air;
There, with its waving blade of green,
the sea-flag streams through the silent water.
And the crimson leaf of the Dulse is seen
to blush like a banner bathed in slaughter.
Los versos hacen referencia a Palmaria palmata, un alga roja preciosa que puebla los fondos someros de las costas atlánticas del norte de España, Francia o el Reino Unido.
Un fronde de Palmaria gallega entre Fucus.
He intentado traducir libremente el poema, con rima más o menos asonante, sin perder el sentido del texto: los fondos calmos y limpios donde reluce el fronde rojo y suave de Palmaria.
Esta es mi versión de aquellos versos de Perceval:
Abajo el agua está calma y tranquila,
porque vientos y olas allí están ausentes.
Y las arenas resplandecen como las estrellas, que brillan
en los mantos inmóviles del aire que envuelve;
Allí, con su flameante capa verdosa,
la bandera marina ondea por el agua fría.
Y se ve de Palmaria la carmesí hoja,
enrojecer cual estandarte bañado en una sangría.
Suaves láminas de Palmaria en agua calma bajo la bandera marina de agua fría.
Este alga, cuyo nombre común en inglés es dulse (o dillisk en Irlanda), sirvió de alimento a las comunidades costeras en años de escasez, por eso ha tardado tanto en recuperarse como condimento ya que en los habitantes más ancianos del norte, especialmente en Irlanda o Escocia, la asocian con años de penuria y hambre. Sin embargo, si viajáis por Irlanda del Norte, seguro que encontráis a vendedores de dulse en la carretera, de manera similar a los vendedores de espárragos de las carreteras sureñas. De este alga se dice que quien come Palmaria de Guiodin y bebe de los pozos de Kildingie (sendos lugares de Escocia) escaparán de cualquier enferedad, salvo de la peste negra.
El poema dice así:
The water is calm and still below,
for the winds and waves are absent there.
And the sands are bright as the stars, that glow
in the motionless fields of upper air;
There, with its waving blade of green,
the sea-flag streams through the silent water.
And the crimson leaf of the Dulse is seen
to blush like a banner bathed in slaughter.
Los versos hacen referencia a Palmaria palmata, un alga roja preciosa que puebla los fondos someros de las costas atlánticas del norte de España, Francia o el Reino Unido.
Un fronde de Palmaria gallega entre Fucus.
He intentado traducir libremente el poema, con rima más o menos asonante, sin perder el sentido del texto: los fondos calmos y limpios donde reluce el fronde rojo y suave de Palmaria.
Esta es mi versión de aquellos versos de Perceval:
Abajo el agua está calma y tranquila,
porque vientos y olas allí están ausentes.
Y las arenas resplandecen como las estrellas, que brillan
en los mantos inmóviles del aire que envuelve;
Allí, con su flameante capa verdosa,
la bandera marina ondea por el agua fría.
Y se ve de Palmaria la carmesí hoja,
enrojecer cual estandarte bañado en una sangría.
Suaves láminas de Palmaria en agua calma bajo la bandera marina de agua fría.
Este alga, cuyo nombre común en inglés es dulse (o dillisk en Irlanda), sirvió de alimento a las comunidades costeras en años de escasez, por eso ha tardado tanto en recuperarse como condimento ya que en los habitantes más ancianos del norte, especialmente en Irlanda o Escocia, la asocian con años de penuria y hambre. Sin embargo, si viajáis por Irlanda del Norte, seguro que encontráis a vendedores de dulse en la carretera, de manera similar a los vendedores de espárragos de las carreteras sureñas. De este alga se dice que quien come Palmaria de Guiodin y bebe de los pozos de Kildingie (sendos lugares de Escocia) escaparán de cualquier enferedad, salvo de la peste negra.
lunes, 21 de julio de 2014
Una semana muy algandiana (A very algandian week)
A través de una sociedad ficológica recibí información de un atractivo curso titulado The amazing world of seaweeds: an unforgettable journey from biology to gastronomy que ha organizado la I International Summer School del Campus de Excelencia Internacional Cei.mar. El curso ha contado con algunos especialistas en ficología españoles acompañados de un profesor de la Universidad de Southern Denmark que a la postre resultó ser uno de los mayores y más afamados especialistas en gastronomía de algas y colaborador del celebrado restaurante Noma, el mejor restaurante del mundo según la guía Michelín.
El profesor Mouritsen ayudado por un participante del curso explicando las propiedades de los carragenatos de Chondrus crispus.
Ole G. Mouritsen no en vano ha publicado algunos libros increibles como Seaweeds: edible, availabe and sustainable, Suchi food for the eye, the body and the soul o Umami, unlocking the secrets of the fifth taste que explica con detalle el quinto sabor, fruto de la unión de un aminoácido con un nucleótido en la combinación de alimentos bien escogidos.
Portada del libro Umami, abriendo la llave del quinto sabor
El curso se acompañó de un par de visitas a enclaves de la provincia de Cádiz en los que se pueden observar numerosas especies de algas: Punta Camorro, en Tarifa, y El Chato, entre Cádiz y San Fernando, junto al famoso ventorrillo que forma parte de la historia de Cádiz desde la invasión napoleónica.
Un profesor del curso entre los atentos alumnos
Las visitas al intermareal contaron con un material cuidadosamente elaborado por Vanessa González, una increíble dibujante de algas. El curso de verano fue incluso comentado en el tan conocido Diario de Cádiz, gaceta que recoge todos los eventos sociales importantes de la provincia.
Un conseguido algandiano dibujado por Vanessa: en este caso Taonia atomaria.
Y como no, tras dedicar buena parte de una mañana a la identificación de los especímenes en el laboratorio, la Summer School terminó en La Curiosidad de Mauro Barreiro, un restaurante especializado en los menús algandianos donde dimos cuenta de unos suculentísimos platos elaborados con algas del lugar que mezclaban nombres sugerentes como arenas de algas, medusas de Codium, ajoblanco marino con lechuga de mar o papilote de algas. Los platos fueron saboreados umamimamente al grito de !!!UMAMI¡¡¡
Uno de los platos ricos con algas que degustamos en la curiosidad de Mauro.
Creo que todos mis compañeros quedamos muy satisfechos del curso, deseando haber sido suspendidos para repetir en septiembre.
Un estudiante feliz recibe el premio del curso por haberselo comido todo. Los verdejos del lugar animaron el ambiente algandiano.
Ole G. Mouritsen no en vano ha publicado algunos libros increibles como Seaweeds: edible, availabe and sustainable, Suchi food for the eye, the body and the soul o Umami, unlocking the secrets of the fifth taste que explica con detalle el quinto sabor, fruto de la unión de un aminoácido con un nucleótido en la combinación de alimentos bien escogidos.
El curso se acompañó de un par de visitas a enclaves de la provincia de Cádiz en los que se pueden observar numerosas especies de algas: Punta Camorro, en Tarifa, y El Chato, entre Cádiz y San Fernando, junto al famoso ventorrillo que forma parte de la historia de Cádiz desde la invasión napoleónica.
Un profesor del curso entre los atentos alumnosLas visitas al intermareal contaron con un material cuidadosamente elaborado por Vanessa González, una increíble dibujante de algas. El curso de verano fue incluso comentado en el tan conocido Diario de Cádiz, gaceta que recoge todos los eventos sociales importantes de la provincia.
Y como no, tras dedicar buena parte de una mañana a la identificación de los especímenes en el laboratorio, la Summer School terminó en La Curiosidad de Mauro Barreiro, un restaurante especializado en los menús algandianos donde dimos cuenta de unos suculentísimos platos elaborados con algas del lugar que mezclaban nombres sugerentes como arenas de algas, medusas de Codium, ajoblanco marino con lechuga de mar o papilote de algas. Los platos fueron saboreados umamimamente al grito de !!!UMAMI¡¡¡
Uno de los platos ricos con algas que degustamos en la curiosidad de Mauro.
Creo que todos mis compañeros quedamos muy satisfechos del curso, deseando haber sido suspendidos para repetir en septiembre.
Un estudiante feliz recibe el premio del curso por haberselo comido todo. Los verdejos del lugar animaron el ambiente algandiano.
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