Ya he contado en alguna ocasión que uno de los lugares más bellos de España es la playa de La Caleta, cantada por Carlos Cano en aquellos inolvidables versos de Habaneras de Cádiz, compuestos por Antonio Burgos:
Las olas de la Caleta, que es plata quieta,
rompían contra las rocas de aquel paseo
que al bamboleo de aquellas bocas
allí le llaman El Malecón
Pues llegando al Castillo de San Sebastián, pude ver a la derecha una de las viejas construcciones remozada y con un letrero que ponía Labimar.
Puerta del Labimar
Resulta que han ubicado allí un Laboratorio de Biología Marina con acuario y todo donde en ese momento estaban impartiendo una charla sobre las algas de Cádiz. Interesante lo que escuché pues no sabía que Cádiz había sido el origen de los primeros trabajos sobre Ficología en España. ¡Oh Cádiz, donde en sus costas se fijaron nombres como Simón de Rojas Clemente y Rubio, Julián de Heredia, Antonio Cabrera Corro, Romualdo González Fragoso, Miguel Colmeiro o Juan Seoane Camba para describir y enamorarse de sus algandianos!.
El conferenciante desde mi sitio del fondo para no llamar la atención.
Tras la charla hubo un interesante coloquio sobre usos ancestrales y actuales de las algas, nombres vernáculos o complejas investigaciones sobre productos naturales extraídos de algas gaditanas con propiedades curativas y oxidantes.
No pude resistirme a meter una pinza para coger muestras en el acuario sin que me vieran ya que los pececillos merodeaban entre una rica comunidad algandiana.
El acuario del Labimar con peces y algas de La Caleta.
Como había una lupa en una esquina llegué a identificar Falkenbergia rufolanosa y Bryopsis plumosa antes de que los contertulios sospecharan que yo no era un científico sino un intruso, por lo que salí de allí sin hacer ruido muy contento de aprender lo que se sabe sobre los algandianos de Cádiz.
Amparado en la oscuridad, no pude ser descubierto.
domingo, 10 de mayo de 2015
martes, 31 de marzo de 2015
Algandianos y biofiltración (algandians and biofiltration)
Paseando por esteros andaluces, encontré un sistema de cuerdas en zig-zag con algas entrelazadas en una instalación de acuicultura. Picado por la curiosidad, me contaron los lugareños que son sistemas en prueba para testar el potencial biofiltrador de estas algas, pues es sabido que los algandianos retiran (biofiltran o biomitigan) nitratos y fosfatos del agua. De esta forma conseguimos mejorar la calidad del agua y obtener un nuevo producto en una granja marina, producto cuya biomasa, bien en bruto o a partir de un extracto, genera un beneficio para la empresa ¡Curioso ejemplo de ingeniería eológica!
A fe mía que las aguas del lugar deben ser generosas, pues al poco tiempo volví y lo que dos semanas antes parecían simples pelillos acabaron tornándose en melenas. A ver si me entero e indago el potencial biofiltrador de estas algas.
El sistema con algas antes y después de un par de semanas.
Otro sistema curioso que he podido observar es el que Carlos y Antonio estaban poniendo en práctica, en este caso con Ulváceas. Estas denostadas algas, capaces de proliferar hasta biomasas impresionantes si hay un episodio de eutrofización, pueden biofiltrar cantidades sensibles de nutrientes en las instalaciones de acuicultura.
Extrayendo ulvas en los canales de desague.
Pude contemplar cómo se están ensayando sistemas sencillos de cultivos en balsas para estimar el potencial biomitigador de las ulvas y así poder desarrollar experiencias a mayor escala. ¡Quien sabe si serán capaces los algandianos de conseguir el objetivo buscado de no generación de vertidos al agua!
A pesar de que Antonio, al recolectar algas preguntaba con cierto sarcasmo ¿Y esto es lo que se come la gente?, en la provincia de Cádiz hay ya una cultura gastronómica que pone las algas en la mesa, tal como he contado ya en veces anteriores. !Ya invitaremos a Antonio a que pruebe estos frutos de la mar, bien en tortitas de camarones o acompañando el rico pescado de la bahía!
Así se colocan las balsas en el canal. Las balsas permiten la circulación del agua en su interior.
Así quedó el diseño final, con algandianos verdes, rojos y ostiones.
A fe mía que las aguas del lugar deben ser generosas, pues al poco tiempo volví y lo que dos semanas antes parecían simples pelillos acabaron tornándose en melenas. A ver si me entero e indago el potencial biofiltrador de estas algas.
El sistema con algas antes y después de un par de semanas.
Otro sistema curioso que he podido observar es el que Carlos y Antonio estaban poniendo en práctica, en este caso con Ulváceas. Estas denostadas algas, capaces de proliferar hasta biomasas impresionantes si hay un episodio de eutrofización, pueden biofiltrar cantidades sensibles de nutrientes en las instalaciones de acuicultura.
Extrayendo ulvas en los canales de desague.
Pude contemplar cómo se están ensayando sistemas sencillos de cultivos en balsas para estimar el potencial biomitigador de las ulvas y así poder desarrollar experiencias a mayor escala. ¡Quien sabe si serán capaces los algandianos de conseguir el objetivo buscado de no generación de vertidos al agua!
A pesar de que Antonio, al recolectar algas preguntaba con cierto sarcasmo ¿Y esto es lo que se come la gente?, en la provincia de Cádiz hay ya una cultura gastronómica que pone las algas en la mesa, tal como he contado ya en veces anteriores. !Ya invitaremos a Antonio a que pruebe estos frutos de la mar, bien en tortitas de camarones o acompañando el rico pescado de la bahía!
Así quedó el diseño final, con algandianos verdes, rojos y ostiones.
Un poema algandiano en Rota (An algandian poem in Rota)
Hace tiempo que no escribo una entrada, debe ser que las musas han pasado de mi, tal como cantaba Joan Manuel Serrat. Sin embargo, viene a mi memoria este bello pòema de un poeta y fotógrafo roteño (Leopoldo Almisas Romero), amigo de los Sabina, Grandes, García-Montero o Ruibal, que embellece el comienzo del paseo marítimo de esta preciosa localidad gaditana. Parte de los versos dicen así:
La placa con el poema completo.
Llegó la noche de boda,
luna vestida de blanco,
el mar siempre de negro,
la luna traje de nácar.
Llena de besos la noche,
entre algas y caracolas,
como único testigo
sola, en la sombra…, Rota.
Homenaje a esta villa peculiar, mulata de gringos y roteños, tierra de urtas, esforzados marineros, tintillas, moscatel blanco y playas generosas.
sábado, 1 de noviembre de 2014
Un cuadro con algas VI (A painting with algae VI)
Leyendo el extraordinario libro del profesor Ole G Mouritsen Seaweeds: edible, available & sustainable (Algas: comestibles, disponibles y sostenibles), lleno de anécdotas sobre el mundo algandiano, encontré la cita de un cuadro del pintor danés Carl Locher (1851-1915), un artista muy aficionado a los temas marineros. El cuadro se titula "Loading seaweeds at Hornbek beach" (cargando algas en la playa de Hornbek) y fue pintado en 1882. El cuadro muestra, en un día tormentoso, la recogida de enormes cantidades de macroalgas rojas y pardas arrojadas en estas costas. El interés por estas algas de arribazón se debe el uso tan variado que los pueblos nórdios han hecho de ellas, destacando su empleo como alimento para los humanos y el ganado o el abono de los campos.

Cargando las algas en la playa de Hornbek
Quizás penséis que esta actividad sólo se llevaba a cabo en los países del norte de Europa (o en el norte de España, como ya hemos contado otras veces). Sin embargo, esta labor tenía lugar hasta hace bien poco en localidades gaditanas. Cuenta Sebastián Tirado, docto marinero y gran conversador, regente del chiringuito chipionero Entre Dunas, en su costumbrista libro "Capitán Salmedina" que tengo entre mis manos, cómo el capitán, escondido entre las dunas, observó atónito como...
"unos mozos, al bajar a la playa, sobre los carros, venían sujetando unos enormes tridentes, que suponía de madera, una vez sobre la enorme mancha parduzca, se lanzaban sobre la misma y los clavaban sobre la masa y cual pasto del mejor trigo o maiz, lanzaban aquello al interior del carro que desprendía un enorme olor a marisco, corrompido a veces, y otras un olor a mar que apetecía comer y después, una vez cargados y chorreando agua por los bajos, se colocaban uno delante, tirando de la jáquima del lantero o animal colocado en primer término del carro y el otro detrás empujando y animando a las bestias en su marcha hacia el interior"
Este texto refleja el uso tradicional de la ceba o masas de algas que se hacía en el pueblo de Rocío Jurado para abonar los campos a la espalda de los cordones dunares.
Portada del libro de Sebastián Tirado. Gracias por la dedicatoria tan sentida.
Os recomiendo una visita al chiringuito, donde podréis degustar el mejor pescado de los caladeros de la villa marinera y una lectura de este libro, escrito con pasión, para recordar tradiciones chipioneras, muchas tal vez perdidas.
Cargando las algas en la playa de Hornbek
Quizás penséis que esta actividad sólo se llevaba a cabo en los países del norte de Europa (o en el norte de España, como ya hemos contado otras veces). Sin embargo, esta labor tenía lugar hasta hace bien poco en localidades gaditanas. Cuenta Sebastián Tirado, docto marinero y gran conversador, regente del chiringuito chipionero Entre Dunas, en su costumbrista libro "Capitán Salmedina" que tengo entre mis manos, cómo el capitán, escondido entre las dunas, observó atónito como...
"unos mozos, al bajar a la playa, sobre los carros, venían sujetando unos enormes tridentes, que suponía de madera, una vez sobre la enorme mancha parduzca, se lanzaban sobre la misma y los clavaban sobre la masa y cual pasto del mejor trigo o maiz, lanzaban aquello al interior del carro que desprendía un enorme olor a marisco, corrompido a veces, y otras un olor a mar que apetecía comer y después, una vez cargados y chorreando agua por los bajos, se colocaban uno delante, tirando de la jáquima del lantero o animal colocado en primer término del carro y el otro detrás empujando y animando a las bestias en su marcha hacia el interior"
Este texto refleja el uso tradicional de la ceba o masas de algas que se hacía en el pueblo de Rocío Jurado para abonar los campos a la espalda de los cordones dunares.
Portada del libro de Sebastián Tirado. Gracias por la dedicatoria tan sentida.Os recomiendo una visita al chiringuito, donde podréis degustar el mejor pescado de los caladeros de la villa marinera y una lectura de este libro, escrito con pasión, para recordar tradiciones chipioneras, muchas tal vez perdidas.
viernes, 3 de octubre de 2014
Bolas algandianas (Algandian balls)
Recientemente, leí una noticia en el periódico que hacía referencia a la aparición de "miles de extrañas bolas verdes en una playa australiana". Los habitantes del lugar, poco acostumbrados a observar la naturaleza algandiana, llegan a calificar esas bolas brillantes de "huevos alienígenas", mostrando un enorme desconocimiento de lo que la naturaleza puede hacer.
Las bolas de la discordia
Las algas probablemente sean del género Aegagropila o del tipo de la Cladophora aegagropila. Este fenómeno de formación de masas de talos entrelazados hasta originar una morfología circular tras rodar y rodar (como la piedra en el camino que enseñó cuál era mi destino) por los fondos marinos, no es sólo propio de los algandianos. Los afortunados habitantes de las costas del Mediterráneo saben que bolas simlares se forman por restos de hojas y rizomas de Posidonia oceanica, la joya de las plantas marinas, endémica del Mare nostrum.
Bolas de Posidonia oceanica
Nosotros en Cádiz estamos acostumbrados a ver bolas de Codium bursa, que llaman la atención a los veraneantes incrédulos de ver algas redondas y hacen las delicias de los niños en la playa.
Un solitario Codium bursa arrojado
Las algas probablemente sean del género Aegagropila o del tipo de la Cladophora aegagropila. Este fenómeno de formación de masas de talos entrelazados hasta originar una morfología circular tras rodar y rodar (como la piedra en el camino que enseñó cuál era mi destino) por los fondos marinos, no es sólo propio de los algandianos. Los afortunados habitantes de las costas del Mediterráneo saben que bolas simlares se forman por restos de hojas y rizomas de Posidonia oceanica, la joya de las plantas marinas, endémica del Mare nostrum.
Nosotros en Cádiz estamos acostumbrados a ver bolas de Codium bursa, que llaman la atención a los veraneantes incrédulos de ver algas redondas y hacen las delicias de los niños en la playa.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Un poema de Perceval (A poem by Perceval)
En uno de los libros antiguos que conservo (Popular history of seaweeds, de 1851) hay un poema sobre algas de Perceval, aquel caballero legendario de la tabla redonda del rey Arturo, famoso por participar en la búsqueda del mítico santo grial.
El poema dice así:
The water is calm and still below,
for the winds and waves are absent there.
And the sands are bright as the stars, that glow
in the motionless fields of upper air;
There, with its waving blade of green,
the sea-flag streams through the silent water.
And the crimson leaf of the Dulse is seen
to blush like a banner bathed in slaughter.
Los versos hacen referencia a Palmaria palmata, un alga roja preciosa que puebla los fondos someros de las costas atlánticas del norte de España, Francia o el Reino Unido.
Un fronde de Palmaria gallega entre Fucus.
He intentado traducir libremente el poema, con rima más o menos asonante, sin perder el sentido del texto: los fondos calmos y limpios donde reluce el fronde rojo y suave de Palmaria.
Esta es mi versión de aquellos versos de Perceval:
Abajo el agua está calma y tranquila,
porque vientos y olas allí están ausentes.
Y las arenas resplandecen como las estrellas, que brillan
en los mantos inmóviles del aire que envuelve;
Allí, con su flameante capa verdosa,
la bandera marina ondea por el agua fría.
Y se ve de Palmaria la carmesí hoja,
enrojecer cual estandarte bañado en una sangría.
Suaves láminas de Palmaria en agua calma bajo la bandera marina de agua fría.
Este alga, cuyo nombre común en inglés es dulse (o dillisk en Irlanda), sirvió de alimento a las comunidades costeras en años de escasez, por eso ha tardado tanto en recuperarse como condimento ya que en los habitantes más ancianos del norte, especialmente en Irlanda o Escocia, la asocian con años de penuria y hambre. Sin embargo, si viajáis por Irlanda del Norte, seguro que encontráis a vendedores de dulse en la carretera, de manera similar a los vendedores de espárragos de las carreteras sureñas. De este alga se dice que quien come Palmaria de Guiodin y bebe de los pozos de Kildingie (sendos lugares de Escocia) escaparán de cualquier enferedad, salvo de la peste negra.
El poema dice así:
The water is calm and still below,
for the winds and waves are absent there.
And the sands are bright as the stars, that glow
in the motionless fields of upper air;
There, with its waving blade of green,
the sea-flag streams through the silent water.
And the crimson leaf of the Dulse is seen
to blush like a banner bathed in slaughter.
Los versos hacen referencia a Palmaria palmata, un alga roja preciosa que puebla los fondos someros de las costas atlánticas del norte de España, Francia o el Reino Unido.
Un fronde de Palmaria gallega entre Fucus.
He intentado traducir libremente el poema, con rima más o menos asonante, sin perder el sentido del texto: los fondos calmos y limpios donde reluce el fronde rojo y suave de Palmaria.
Esta es mi versión de aquellos versos de Perceval:
Abajo el agua está calma y tranquila,
porque vientos y olas allí están ausentes.
Y las arenas resplandecen como las estrellas, que brillan
en los mantos inmóviles del aire que envuelve;
Allí, con su flameante capa verdosa,
la bandera marina ondea por el agua fría.
Y se ve de Palmaria la carmesí hoja,
enrojecer cual estandarte bañado en una sangría.
Suaves láminas de Palmaria en agua calma bajo la bandera marina de agua fría.
Este alga, cuyo nombre común en inglés es dulse (o dillisk en Irlanda), sirvió de alimento a las comunidades costeras en años de escasez, por eso ha tardado tanto en recuperarse como condimento ya que en los habitantes más ancianos del norte, especialmente en Irlanda o Escocia, la asocian con años de penuria y hambre. Sin embargo, si viajáis por Irlanda del Norte, seguro que encontráis a vendedores de dulse en la carretera, de manera similar a los vendedores de espárragos de las carreteras sureñas. De este alga se dice que quien come Palmaria de Guiodin y bebe de los pozos de Kildingie (sendos lugares de Escocia) escaparán de cualquier enferedad, salvo de la peste negra.
lunes, 21 de julio de 2014
Una semana muy algandiana (A very algandian week)
A través de una sociedad ficológica recibí información de un atractivo curso titulado The amazing world of seaweeds: an unforgettable journey from biology to gastronomy que ha organizado la I International Summer School del Campus de Excelencia Internacional Cei.mar. El curso ha contado con algunos especialistas en ficología españoles acompañados de un profesor de la Universidad de Southern Denmark que a la postre resultó ser uno de los mayores y más afamados especialistas en gastronomía de algas y colaborador del celebrado restaurante Noma, el mejor restaurante del mundo según la guía Michelín.
El profesor Mouritsen ayudado por un participante del curso explicando las propiedades de los carragenatos de Chondrus crispus.
Ole G. Mouritsen no en vano ha publicado algunos libros increibles como Seaweeds: edible, availabe and sustainable, Suchi food for the eye, the body and the soul o Umami, unlocking the secrets of the fifth taste que explica con detalle el quinto sabor, fruto de la unión de un aminoácido con un nucleótido en la combinación de alimentos bien escogidos.
Portada del libro Umami, abriendo la llave del quinto sabor
El curso se acompañó de un par de visitas a enclaves de la provincia de Cádiz en los que se pueden observar numerosas especies de algas: Punta Camorro, en Tarifa, y El Chato, entre Cádiz y San Fernando, junto al famoso ventorrillo que forma parte de la historia de Cádiz desde la invasión napoleónica.
Un profesor del curso entre los atentos alumnos
Las visitas al intermareal contaron con un material cuidadosamente elaborado por Vanessa González, una increíble dibujante de algas. El curso de verano fue incluso comentado en el tan conocido Diario de Cádiz, gaceta que recoge todos los eventos sociales importantes de la provincia.
Un conseguido algandiano dibujado por Vanessa: en este caso Taonia atomaria.
Y como no, tras dedicar buena parte de una mañana a la identificación de los especímenes en el laboratorio, la Summer School terminó en La Curiosidad de Mauro Barreiro, un restaurante especializado en los menús algandianos donde dimos cuenta de unos suculentísimos platos elaborados con algas del lugar que mezclaban nombres sugerentes como arenas de algas, medusas de Codium, ajoblanco marino con lechuga de mar o papilote de algas. Los platos fueron saboreados umamimamente al grito de !!!UMAMI¡¡¡
Uno de los platos ricos con algas que degustamos en la curiosidad de Mauro.
Creo que todos mis compañeros quedamos muy satisfechos del curso, deseando haber sido suspendidos para repetir en septiembre.
Un estudiante feliz recibe el premio del curso por haberselo comido todo. Los verdejos del lugar animaron el ambiente algandiano.
Ole G. Mouritsen no en vano ha publicado algunos libros increibles como Seaweeds: edible, availabe and sustainable, Suchi food for the eye, the body and the soul o Umami, unlocking the secrets of the fifth taste que explica con detalle el quinto sabor, fruto de la unión de un aminoácido con un nucleótido en la combinación de alimentos bien escogidos.
El curso se acompañó de un par de visitas a enclaves de la provincia de Cádiz en los que se pueden observar numerosas especies de algas: Punta Camorro, en Tarifa, y El Chato, entre Cádiz y San Fernando, junto al famoso ventorrillo que forma parte de la historia de Cádiz desde la invasión napoleónica.
Un profesor del curso entre los atentos alumnosLas visitas al intermareal contaron con un material cuidadosamente elaborado por Vanessa González, una increíble dibujante de algas. El curso de verano fue incluso comentado en el tan conocido Diario de Cádiz, gaceta que recoge todos los eventos sociales importantes de la provincia.
Y como no, tras dedicar buena parte de una mañana a la identificación de los especímenes en el laboratorio, la Summer School terminó en La Curiosidad de Mauro Barreiro, un restaurante especializado en los menús algandianos donde dimos cuenta de unos suculentísimos platos elaborados con algas del lugar que mezclaban nombres sugerentes como arenas de algas, medusas de Codium, ajoblanco marino con lechuga de mar o papilote de algas. Los platos fueron saboreados umamimamente al grito de !!!UMAMI¡¡¡
Uno de los platos ricos con algas que degustamos en la curiosidad de Mauro.
Creo que todos mis compañeros quedamos muy satisfechos del curso, deseando haber sido suspendidos para repetir en septiembre.
Un estudiante feliz recibe el premio del curso por haberselo comido todo. Los verdejos del lugar animaron el ambiente algandiano.
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